La ironía dramática o cómo manipular al lector

La ironía dramática o cómo manipular al lector

EL OTRO DÍA estaba leyendo sobre (¡sorpresa!) técnicas de escritura y análisis literarios y me encontré con este término: ironía dramática. Y como me pareció que sonaba bien (prueba a decirlo: ironía dramática), me puse a buscar de qué iba el asunto y descubrí un par de cosas muy interesantes.

Para empezar, que todos los resultados de Google sobre ironía dramática van sobre obras de teatro escritas hace varios siglos (hola, Shakespeare) o milenios, incluso (véase Edipo Rey). Y esto me ha sorprendido bastante, porque desde que sé cómo se llama se ha convertido en mi nuevo recurso literario favorito.

La ironía dramática

Pero ¿qué es la ironía dramática? Pues esa situación en la que el lector (o espectador) sabe algo que los personajes desconocen. Su principal desventaja es que reduce muchísimo el impacto de un plot twist: si ya sabes lo que va a pasar no te sorprende tanto. Pero, a cambio, consigue crear una tensión y una emoción que a mí, personalmente, me encantan. No sé si te lo he confesado alguna vez, pero mis escenas favoritas del mundo mundial son las que van de reencuentros. Es decir, cuando el personaje A y el personaje B llevan mucho tiempo sin verse (por circunstancias dramáticas varias, cuanto más desgarradoras, mejor) y sabes que van a coincidir y cada vez que casi se encuentran te da un pequeño ataque al corazón. ¡Hasta que por fin vuelven a verse! Un ejemplo con mucho angst que tengo bastante reciente es el de Seraph of the End, pero todas las escenas (o tramas) de ese tipo me tienen conquistada desde el momento cero. ¿Y cuál es la clave de ello? ¡Sí! La ironía dramática.

Vamos, seguro que más de una vez te has enganchado a una telenovela. ¿Y por qué son tan adictivas? Aparte de porque los cliffhangers (la intriga de final de capítulo) suelen llevar la tensión a niveles extremos, es por la ironía dramática. Todos sabemos en casa que Luis Ricardo de Todos los Santos es el hermano mellizo secreto (y malvado) de Rogelia Leonor Patrocla ¡pero ellos, no! Y su amor es un amor prohibido ¡y el clímax llega cuando los personajes se enteran!

Pero ¿por qué nos gusta tanto? Porque la información es poder. Y a todos nos encanta pensar que nosotros seríamos más inteligentes que la típica protagonista algo cortita de las pelis de miedo que abre la maldita puerta del sótano ¡cuando es obvio que el asesino está esperándola allí abajo! «¡Pero no entres!», le gritamos a la pantalla, sin ser conscientes de que el guionista nos está manipulando para que digamos exactamente eso. Porque sabemos que la chica va a morir, lo sabemos. Y no podemos hacer nada para evitarlo, porque estamos fuera y ella está dentro. Y a los guionistas les gusta jugar con nuestra impotencia casi tanto como a los espectadores nos gusta caer en el juego.

Cómo manipular al lector

¿Y cómo puedes aprovecharte de todo esto cuando eres tú el escritor?

  • Lo primero, no tengas miedo de cederle algo de poder al lector. El equilibrio entre saturarlo con información y dejarlo en la total ignorancia es muy delicado y, aunque es cierto que no es nada aconsejable que le cuentes todo lo que tú sabes (o lo que tus personajes saben), y mucho menos al principio, a veces es muy interesante dejar que sepa más que tus protagonistas. De esta manera, le das poder pero, ¡ojo! Dale solamente el poder que tú quieras.
  • Tampoco te cortes a la hora de guardarte cosas para ti. Que la ironía dramática reduzca el impacto de los plot twists no quiere decir que no te reserves un par de ases bajo la manga: vale que el personaje A y el personaje B vayan a reencontrarse y vale que tu lector lo sepa. Es más, el efecto se incrementa si creas un par de situaciones en las que parezca que van a coincidir pero al final no lo hacen por los pelos. Pero es que si justo después del reencuentro se descubre que C llevaba toda la trama planeando asesinar a B, el nivel de epicidad de tu historia se incrementa exponencialmente.
  • Eso sí, cuidado con el narrador que sabe más que todo el mundo. A veces el narrador da pistas para que el lector averigüe cosas que los personajes no saben (y eso está muy bien), pero no caigas en la trampa de que tu narrador sea un sabelotodo estúpido que suelta cada dos párrafos perlas del estilo de «y ninguno de ellos podía llegar a imaginar lo que les esperaba» y «¡si hubieran sabido lo que se les venía encima no habrían reído de aquella manera!». Esta manipulación del lector es demasiado evidente: el truco está en que sea una cosita sutil, basado todo en un control de la empatía que el lector pueda llegar a sentir hacia los personajes y no en que el narrador les diga cómo tienen que sentirse. ¿Y cómo generamos esta empatía? Creando personajes creíbles. Dándoles personalidades reales, profundidad y haciendo que todas sus acciones estén justificadas (pero no en un sentido moral, sino por la coherencia misma de cada personaje).
  • Y, por supuesto, cuando llegue el momento de la revelación (anagnórisis, se llama), haz que esté a la altura. Y ya si sigues los consejos de Aristóteles y haces que la revelación sea la causa de un giro en los acontecimientos (peripeteia) puedes estar seguro de que tu manipulación será efectiva. Esto, en realidad, es muy difícil de conseguir (a mí me está costando horrores en la historia que estoy corrigiendo ahora mismo, la de la Guerra Fría, porque los personajes a los que les gusta huir de los conflictos y que evitan las confrontaciones no son demasiado propensos a dar juego en una batalla, aunque sea dialéctica. Y porque, como dice mi hermana, es más fácil que los reencuentros sean épicos si hay espadas de por medio), pero no es imposible. Debería coincidir con el clímax de tu historia, o al menos con el clímax de algún arco narrativo (otro momento genial para situar esta anagnórisis es el segundo punto de inflexión, también llamado momento de la verdad): ¡no te acobardes! Un consejito: fijar un límite de tiempo suele aumentar la tensión. Si, por ejemplo, tus personajes descubren el pastel mientras desactivan una bomba, o mientras le hacen la respiración artificial al personaje D, que acaba de recibir un balazo.

¿Cómo usas tú la ironía dramática? ¿Cuál es tu tipo de trama favorita? ¿Te gusta ser manipulado por las telenovelas? ¿Eres un superhéroe y nunca te has enganchado a una? ¡Cuéntamelo en un comentario! Y, como siempre te digo, si te ha gustado la entrada, hazme un favorcillo y compártela.

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2 comentarios en “La ironía dramática o cómo manipular al lector

  1. Néstor Belda dijo:

    Hola, Elena:
    La ironía dramática, más que un recurso, es una estrategia narrativa estrechamente relacionada con el tipo de narrador elegido. Es decir, si el narrador es el detective, obviamente, no sabe quién es el asesino y, por lo tanto, tampoco lo puede transmitir al lector. Pero si es un narrador externo, dependiendo de su ubicuidad, puede transmitir al lector quién es el asesino, aunque los personajes lo ignoren (excepto el asesino, su cómplice y el muerto, pero este no cuenta).
    ¿Esto reduce el giro de la trama (plot twist)? Definitivamente, no. El escritor, en el momento de definir la estrategia narrativa, habrá previsto un giro adecuado a la información que se ha filtrado al lector.
    Un abrazo.

    Le gusta a 1 persona

    • Dorothy dijo:

      ¡Hola, Néstor! Gracias por tu comentario. Tienes razón en que la ironía dramática es más difícil de de aplicar en relatos en primera persona, por ejemplo, pero también es posible que otros personajes den información al lector que el narrador no llegue a entender. ¡Creo que pueden conseguirse cosas muy interesantes jugando con esto! Por ejemplo, en una novela histórica el narrador desconoce hechos (de su futuro) que el lector sí que puede llegar a presentes.
      Definitivamente de acuerdo con que hay que planificar muy bien los giros para causar el efecto adecuado.
      ¡Un saludo!

      Me gusta

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